Gordolobo

Gordolobo

El terciopelo que aprendió a convertirse en fuego

Hay plantas que llaman la atención por sus flores y otras que obligan a acercarse antes de haber florecido. El gordolobo pertenece a estas últimas. Primero aparece casi pegado al suelo, formando una roseta de hojas grandes y suaves. No tiene todavía la espectacular vara amarilla que algún día va a levantar hacia el cielo. Por ahora parece solamente una pequeña acumulación de hojas verdes y plateadas, cubiertas por una especie de terciopelo vegetal. Cuando se lo toca se entiende de dónde viene parte de su historia. Sus hojas son tan suaves, tan densamente cubiertas de pelos, que en distintos lugares recibió nombres relacionados con la lana, el fieltro, las mantas y el paño. En inglés, uno de sus nombres tradicionales es mullein, relacionado con el francés antiguo moleine y, según una de las explicaciones etimológicas más aceptadas, con el latín mollis, “suave”. El nombre Verbascum, en cambio, es mucho más antiguo: ya aparece en Plinio para referirse a estas plantas y tradicionalmente se lo ha relacionado con barba, por la apariencia vellosa de sus hojas. Me gusta que los nombres del gordolobo parezcan describirlo desde diferentes lugares.Uno habla de su suavidad. Otro, de su aspecto barbado. Y algunos de sus nombres antiguos hablan directamente de lo que iba a ocurrir después: vela, antorcha, vara, bastón, luz. Porque el gordolobo tiene una transformación extraordinaria.Primero es una roseta. Después levanta una vara alta y recta. Y finalmente esa vara, una vez seca, puede convertirse en fuego. Es una especie bienal: durante su primera etapa desarrolla esta roseta de hojas afelpadas y, posteriormente, puede producir una vara floral que alcanza alrededor de dos metros, cubierta de numerosas flores amarillas. En Argentina está registrada como especie introducida, particularmente en ambientes abiertos y bordes de caminos.

La planta de las hojas de terciopelo

Cuando se mira una de estas hojas a contraluz ocurre algo hermoso. Los pelos que normalmente le dan ese aspecto grisáceo dejan pasar la luz de una manera diferente y las nervaduras se vuelven visibles como una red verde. La hoja parece tener dos caras: una oscura y aterciopelada cuando la miramos directamente y otra luminosa cuando el sol la atraviesa. Toda la planta está cubierta de pelos, muchos de ellos estrellados, y esa característica es tan importante para reconocer al género que parece casi una firma. El Verbascum no necesita espinas para defenderse ni una corteza gruesa para hacerse notar. Su primera impresión es otra: es una planta blanda, sin embargo, detrás de esa suavidad hay una planta extraordinariamente resistente.

Crece en terrenos alterados, bordes de caminos y sitios donde muchas otras plantas encuentran condiciones difíciles. Tiene algo de planta de frontera: aparece donde el paisaje cambia, donde el suelo ha sido removido y donde la vegetación comienza nuevamente a ocupar un espacio. Quizás por eso resulte tan apropiado que después se convierta en una vara.

Una vara amarilla que parece una antorcha

Cuando finalmente florece, el gordolobo deja de parecer una planta baja. Levanta una columna. La vara floral puede crecer muy por encima de la vegetación que la rodea y se cubre de flores amarillas. En algunas especies del género, esa forma vertical fue comparada con una vela encendida, una antorcha o una llama. De ahí nacieron algunos de sus nombres populares: candlewick plant, hag’s taper, torch plant, candle flower y otros nombres relacionados con velas y antorchas. Las varas secas podían impregnarse con grasa, sebo o cera y utilizarse como antorchas; también se aprovecharon sus fibras y pelos para hacer mechas y material de encendido. Es difícil no encontrar algo simbólico en esto. Una planta que comienza como una roseta pegada a la tierra termina levantando una especie de columna de luz. Primero raíz y hoja. Después vara. Después fuego.

La planta que caminó con Ulises

Existe además una historia antigua que convirtió al gordolobo en una planta protectora. En la Odisea, Hermes entrega a Odiseo una planta llamada moly para protegerlo de la magia de Circe. Con el tiempo, distintos autores y tradiciones identificaron esa planta con el gordolobo, aunque la identificación botánica no puede considerarse segura.La asociación, sin embargo, sobrevivió. El gordolobo pasó a formar parte de la tradición europea de las plantas protectoras: una planta que acompañaba al viajero, que ayudaba a atravesar lugares peligrosos y que podía actuar simbólicamente como defensa contra aquello que no podía verse. Y esto es interesante porque su reputación protectora no parece separarse nunca de su relación con la luz. En distintas tradiciones medievales se lo consideró una planta capaz de proteger de animales salvajes, terrores y fuerzas malignas. También llegó a relacionarse con San Juan Bautista y con las hogueras de San Juan: la planta podía pasar simbólicamente por el fuego para proteger contra aquello que se consideraba dañino. No sabemos cuánto de estas historias pertenece a la planta antigua y cuánto fue añadido por generaciones posteriores, Pero todas vuelven a la misma imagen: una vara que lleva luz en medio de la oscuridad.

Y después apareció la medicina…

Mucho antes de que la farmacología moderna comenzara a estudiar sus componentes, las personas ya habían encontrado usos para sus hojas y flores. El gordolobo pasó a formar parte de numerosas tradiciones medicinales europeas y americanas, especialmente relacionadas con la garganta, la tos y el pecho. En la medicina popular se utilizaron hojas y flores para molestias de garganta, tos y diferentes afecciones respiratorias. En Argentina, el Sistema de Información de Biodiversidad registra para Verbascum thapsus usos populares de hojas y flores en inflamaciones de garganta, tos crónica, enfermedades pulmonares y diarrea. También registra el empleo tradicional del aceite de flores para eccemas, hemorroides, inflamación de párpados y dolores de oído. La tradición europea llegó hasta la fitoterapia moderna. La Agencia Europea de Medicamentos reconoce las flores de determinadas especies de Verbascum bajo el nombre Verbasci flos y recoge su uso tradicional para aliviar la irritación de garganta asociada a tos seca y resfriados. Hay algo curioso en esto: la parte de la planta que termina en la taza no es necesariamente la que más llama la atención cuando la vemos crecer. La espectacularidad está arriba, en la vara amarilla.Pero la medicina tradicional encontró valor también en aquello que está abajo: la hoja suave. Flores que terminaban en Aceite. Uno de los usos tradicionales más interesantes es el aceite de flores de gordolobo. Las flores amarillas podían macerarse en aceite y el preparado se utilizaba externamente. En Argentina se registra su uso popular sobre la piel y, tradicionalmente, para eccemas, hemorroides, inflamación de los párpados y dolores de oído. La historia del aceite es especialmente interesante porque muestra una transformación muy propia de la herbolaria:la flor fresca dura poco;el aceite permite conservar una parte de aquello que la flor contiene.La planta cambia de forma, pero algo de ella permanece. Y esta idea aparece una y otra vez cuando se trabaja con plantas: infusión, aceite, tintura, humo, polvo, ceniza, fibra. Cada transformación encuentra algo diferente.Pero el gordolobo no era solamente medicina. Acá empieza la parte que más me gusta de esta planta. Porque si uno buscara al gordolobo solamente en los libros de medicina, se perdería buena parte de su historia. Sus hojas suaves fueron utilizadas de muchas maneras. En diferentes regiones se colocaron dentro de los zapatos para aportar aislamiento y suavidad. También se utilizaron para rellenar colchones y como material doméstico. En América del Norte recibió incluso el nombre popular de “cowboy’s toilet paper”, debido a su uso improvisado por la suavidad de sus hojas. Hay algo casi cómico en descubrir que una planta que hoy puede aparecer en una ficha de fitoterapia también tuvo una vida completamente cotidiana: medicina, calzado, cama y necesidades del camino.

También fue tabaco…

En algunas regiones de Europa, cuando el tabaco era escaso o estaba racionado, se fumaron hojas secas de gordolobo como sustituto. El registro etnobotánico español documenta este uso en Cataluña y Valencia. Eso no significa que fumar la planta sea seguro ni que tenga valor terapéutico por esa vía. Es simplemente otro ejemplo de cómo las personas fueron transformando una planta disponible en un recurso cuando otro recurso escaseaba. La historia de las plantas está llena de esas soluciones.

Una planta que también podía teñir…

Las flores amarillas contienen pigmentos que fueron aprovechados para teñir.Existe una tradición histórica que relaciona las flores amarillas del gordolobo con el uso de sus pigmentos para dar tonos amarillos al cabello y a textiles. Una revisión etnobotánica menciona incluso la tradición de que las mujeres romanas utilizaban las flores para aclarar o teñir el cabello. Así, la misma flor podía ser:medicina,color,perfume,aceite,y finalmente semilla. No es extraño que una planta así terminara acumulando tantos nombres.

Y entonces aparece uno de sus usos más extraños. Las semillas del gordolobo contienen sustancias que pueden resultar tóxicas para los peces.Por eso, históricamente, las semillas trituradas fueron utilizadas en algunas regiones para aturdir peces y facilitar su captura. Me interesa conservar esta historia en el diario precisamente porque muestra hasta qué punto una planta podía ser conocida en sus diferentes facetas. La misma planta que alguien preparaba para la garganta podía, en otro contexto, convertirse en una herramienta de pesca. Y eso nos recuerda algo importante:una planta no tiene un solo uso.Tiene una historia.

La planta de las Mechas quizás sea uno de los usos que más armoniza con todo lo demás. Los pelos y fibras de sus hojas y tallos podían utilizarse como material para encender fuego, mientras que partes de la planta se empleaban como mechas para lámparas. Las varas secas, untadas con grasa o sebo, podían convertirse en antorchas. Es casi como si toda la planta estuviera construida alrededor de una idea: guardar fuego. La hoja almacena luz entre sus pelos. La vara la levanta. La planta seca puede alimentar una llama. Y después esa llama sirve para iluminar.

El gordolobo y la magia…

La tradición mágica europea le otorgó una personalidad muy definida. Se lo relacionó con protección, valor, luz, caminos y defensa frente a fuerzas consideradas negativas. Algunas tradiciones lo llevaban consigo durante los viajes; otras lo colocaban cerca de puertas o ventanas. También aparece en prácticas relacionadas con los sueños y la adivinación amorosa. Existe incluso una antigua práctica de adivinación amorosa registrada en la tradición popular norteamericana: se doblaba una vara de gordolobo de modo que apuntara hacia la casa de la persona amada. Si la vara volvía a levantarse, se interpretaba como señal favorable; si moría, la lectura era la contraria. Es folklore. Pero justamente por eso pertenece a la historia de la planta.